21 de noviembre de 2014

Algieri espera imitar a Rocky ante Pacquiao.

AP
Macao
Nadie cuestiona la dureza de Chris Algieri, no después de que se levantara tras ser derribado en dos ocasiones, y combatiera medio ciego el resto del tiempo para lograr de alguna manera una victoria por decisión en su lucha por el título en junio con el temido Ruslan Provodnikov.
También es difícil decir algo negativo sobre su habilidad de boxeo, con un gancho izquierdo que le dio 20 victorias en otros tantos combates profesionales.
Pero cuando llegó la hora de enfrentarle con Manny Pacquiao, el promotor Bob Arum tuvo problemas para encontrar un reclamo que convenciera a los afi - cionados al boxeo de que gastaran sus preciadas ganancias en un combate en emisión bajo demanda que para muchos parece apenas un trámite en el camino de Pacquiao para llegar a lo que de verdad quieren ver, la esperada pelea con Floyd Mayweather Jr. por el reinado de todo el mundo del boxeo.
¿Un boxeador con una maestría en nutrición clínica, al que le gusta cocinar y tuitear fotos de su comida? Es bonito, pero lo que vende en el boxeo son los golpes, no los títulos.
¿Un hombre de 30 años, de un barrio de clase trabajadora de Long Island, que se convirtió en campeón del mundo cuando aún vivía en el sótano de sus padres? Es una buena historia, pero el boxeo está lleno de historias que en realidad no venden.
Así que, ¿qué tal el hecho de que aún trabajaba como entrenador personal para amas de casa de mediana edad en Long Island por 45 dólares la media hora, la semana en la que peleó contra Provodnikov? ¿Y que utilizó los 115.000 dólares del premio —que resultaron ser 100.000 dólares más que su premio más alto hasta entonces— para pagar sus préstamos universitarios? ¡Vendido!

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